Por Staff
CALIFORNIA, EU., a 09 de septiembre de 2026.- Una renuncia desencadenó una nueva alarma sobre el futuro de la inteligencia artificial. Jacob Coxon, investigador de Anthropic, dejó la compañía y acusó a Anthropic y OpenAI de correr hacia una superinteligencia auto-mejorable sin contar todavía con suficientes garantías para evitar que llegue a ser incontrolable.
Coxon hizo pública su decisión el 8 de septiembre mediante un mensaje en X que rápidamente se volvió viral. En su denuncia cuestionó que el desarrollo de una tecnología con posibles consecuencias para toda la civilización esté concentrado en unas cuantas empresas privadas y se lleve adelante bajo una intensa competencia por alcanzar primero sistemas cada vez más avanzados.
Pero la reacción de uno de sus antiguos superiores fue la que provocó mayor impacto. Evan Hubinger, investigador de Anthropic especializado en seguridad y alineamiento, respondió que Coxon tenía razón y afirmó que él personalmente calcula en más de 10% la posibilidad de que la IA provoque la muerte de toda la humanidad durante la próxima década.

Hubinger fue todavía más directo al admitir que Anthropic no cuenta actualmente con un plan para resolver el alineamiento de una superinteligencia. Es decir, uno de los grandes desafíos consiste en conseguir que sistemas mucho más inteligentes que los humanos mantengan sus objetivos y acciones compatibles con los valores y la seguridad de las personas.
El escenario que genera mayor preocupación es el de una IA capaz de participar en su propio proceso de mejora. De acuerdo con las advertencias recogidas por medios especializados, una evolución acelerada de estas capacidades podría dificultar el control humano y aumentar riesgos relacionados con ciberseguridad, autonomía y toma de decisiones.
La controversia no significa que exista una certeza de que la IA vaya a provocar una extinción, sino que refleja una discusión cada vez más fuerte dentro de la propia industria sobre qué tan rápido debe avanzar esta tecnología y qué medidas de seguridad deben existir antes de desarrollar sistemas todavía más poderosos. La salida de Coxon y el respaldo público de Hubinger muestran que la preocupación ya no se limita a críticos externos: también está generando divisiones entre quienes trabajan directamente en el desarrollo de estas herramientas.






















