MÉRIDA, Yuc, a 14 de septiembre de 2026.- Treinta y ocho años después del paso de Gilberto, el recuerdo del huracán que devastó amplias zonas de Yucatán sigue funcionando como una advertencia.
Especialistas señalan que el largo periodo sin impactos directos de gran magnitud no debe traducirse en confianza, sobre todo ante ciclones que hoy pueden mostrar trayectorias más irregulares y permanecer durante más tiempo sobre una misma región.
Gilberto golpeó la Península de Yucatán en septiembre de 1988 y quedó marcado como uno de los ciclones más destructivos en la historia reciente del estado.
Juan Vázquez Montalvo, meteorólogo del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados en Meteorología y Climatología de la Universidad Autónoma de Yucatán, recordó que el sistema alcanzó características excepcionales. Entre ellas estuvo una presión atmosférica que, en ese momento, fue considerada la más baja registrada en el Atlántico.
Además, el fenómeno llegó a extenderse aproximadamente mil 200 kilómetros, una dimensión que incrementó su capacidad de afectación en la región.
Protección limitada y exceso de confianza
Cuando Gilberto llegó a Yucatán, los esquemas de Protección Civil todavía se encontraban en una etapa inicial. Los protocolos de emergencia eran limitados y buena parte de la población no estaba preparada para enfrentar un ciclón de esa intensidad.
También existía una percepción de menor riesgo, debido a que huracanes anteriores habían modificado su trayectoria antes de alcanzar directamente al estado. El impacto de Gilberto modificó esa visión y reforzó la necesidad de mantener planes de prevención incluso después de largos periodos sin emergencias mayores.
Vázquez Montalvo subrayó que, frente a un huracán, la prioridad debe ser proteger la vida. Los daños materiales, añadió, pueden repararse con el tiempo.
Ciclones con nuevos comportamientos
El especialista también advirtió que el cambio climático ha influido en el comportamiento de los ciclones tropicales. Estos fenómenos pueden desplazarse con menor velocidad, variar su trayectoria y prolongar sus efectos sobre una misma zona.
Mientras Gilberto dejó severos daños en alrededor de 10 horas, actualmente pueden presentarse sistemas capaces de permanecer durante periodos más largos. Ante este escenario, recomendó a familias, empresas e instituciones revisar sus planes de contingencia.
También consideró necesario realizar simulacros, verificar las condiciones de seguridad de los inmuebles y definir con anticipación qué acciones tomar ante una eventual emergencia.
A 38 años de Gilberto y 24 años después de Isidoro, la principal advertencia sigue vigente. Que Yucatán no haya recibido un impacto directo en más de dos décadas no significa que el riesgo haya desaparecido.






















