Por Yoisi Moguel
MÉRIDA, Yuc, a 15 de junio de 2026. — La confirmación oficial, por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), del fenómeno de “El Niño” encendió las alarmas en el territorio mexicano, ya que advierten que viene con una fuerza pocas veces vista en la historia moderna.
Según Juan Vázquez Montalvo, meteorólogo del Centro Institucional de Investigación de Fenómenos Meteorológicos Extremos de la Universidad Autónoma de Yucatán (Ciafeme-Uady), este evento tiene el potencial de convertirse en uno de los más intensos registrados en los últimos 140 años.
Aunque actualmente se encuentra en una fase débil, con temperaturas en la superficie del Pacífico central apenas 0.5 grados Celsius por encima de su promedio habitual, los modelos matemáticos internacionales apuntan a un escenario drástico.
El especialista del Centro Institucional de Investigación de Fenómenos Meteorológicos Extremos de la Universidad Autónoma de Yucatán (Ciafeme-Uady) explicó que el fenómeno experimentará un fortalecimiento progresivo durante los próximos meses, estimando que alcanzará su punto crítico de máxima intensidad entre agosto, septiembre y octubre del presente año.
La comunidad científica sigue de cerca esta evolución debido a los antecedentes históricos.
Vázquez Montalvo recordó que, desde mediados del siglo pasado, el planeta enfrenta embates memorables de este fenómeno, como los ocurridos en 1972, 1982, 1997 y 2015.
Hasta el día de hoy, el evento de 1997 se mantiene en los registros como el más destructivo y potente tras romper la barrera de los dos grados Celsius sobre el promedio del océano.
Sin embargo, el meteorólogo de la máxima casa de estudios de Yucatán advirtió que los pronósticos para este 2026 sugieren que el fenómeno actual podría superar ese récord histórico, transformándose en una anomalía térmica sin precedentes para las últimas décadas y alterando por completo el comportamiento del clima global.

Un fenómeno capaz de alterar el clima global
La gran preocupación de los expertos radica en la inestabilidad que “El Niño” inyecta a la atmósfera.
De acuerdo con los análisis presentados por el Ciafeme-Uady, la presencia de este gigante climatológico desata un efecto dominó que multiplica la frecuencia de eventos meteorológicos extremos, que van desde tormentas severas y variaciones atmosféricas bruscas hasta nevadas intensas y ventiscas en diversas partes del mundo.
El motor de este caos radica en una mutación profunda en la circulación de las corrientes de aire sobre el Pacífico.
El experto del Ciafeme-Uady detalló que el patrón habitual de vientos, que sopla de este a oeste, se invierte de manera parcial durante estos episodios.
Este giro drástico en la atmósfera, señaló, actúa como un combustible ideal para el mar, provocando que las aguas del Pacífico oriental se calienten de más y den origen a ciclones tropicales de una violencia inusual.
Ante este panorama, Vázquez Montalvo adelantó que la actual temporada de huracanes en el Pacífico mexicano se perfila para ser una de las más destructivas y activas de los últimos 50 años.






















