Por Staff
MÉRIDA, Yuc., a 25 de septiembre de 2026.- El achiote yucateco atraviesa una etapa de renovado interés debido a la demanda de colorantes naturales y a sus posibilidades de aprovechamiento en las industrias alimentaria, cosmética y farmacéutica. Ante este escenario, investigadores buscan mejorar las condiciones de producción y elevar el valor de esta especie emblemática de la región.
Una demanda que crece
El principal atractivo industrial del achiote está en la bixina, pigmento natural que se obtiene de sus semillas y que es utilizado para dar color a diversos productos. Investigaciones del CICY señalan que existe una alta demanda del cultivo, pero las plantaciones mexicanas presentan una importante variabilidad genética, lo que también genera diferencias en la concentración de bixina.
Una de las alternativas estudiadas es la micropropagación in vitro, mediante la cual pueden obtenerse plantas genéticamente homogéneas a partir de individuos con características deseables. El objetivo es establecer plantaciones que permitan obtener semillas con mayores concentraciones de bixina y, con ello, fortalecer el rendimiento y la calidad del cultivo.
Del campo a nuevos mercados
El interés no se limita al condimento utilizado en platillos tradicionales como la cochinita pibil. La bixina también tiene aplicaciones en sectores como alimentos, cosméticos y productos farmacéuticos, mientras nuevas investigaciones exploran otros componentes de la semilla y alternativas para aprovechar de manera integral la planta.
Este panorama fue abordado durante el Primer Simposio de Cultivo de Achiote y sus Derivados, realizado por el CICY esta semana en Yucatán, donde participaron productores, estudiantes, investigadores, empresarios y especialistas. El encuentro permitió presentar avances en mejoramiento genético, producción de semillas, transformación y aprovechamiento integral de Bixa orellana.
El reto: producir más y con mayor valor
La apuesta científica busca que el achiote pueda responder a la demanda de ingredientes naturales sin perder su importancia cultural y productiva. Además de mejorar las variedades y las técnicas de cultivo, investigadores plantean fortalecer la cadena de valor para que el conocimiento generado llegue al campo y contribuya a una producción más competitiva y sustentable.






















