Por Yoisi Moguel
MÉRIDA, Yuc., 28 de enero de 2026.– Mientras para muchos meridanos el ingreso de un frente frío significa sacar el abrigo del armario, para los panaderos marca el inicio de su temporada de oro, con un aumento en las ventas que va del 50 al 80 por ciento, de acuerdo con cifras del gremio.
La combinación de lluvia y descenso de temperatura se convierte en el combustible que reactiva la economía de las panaderías locales. Cada cambio en el clima se refleja de inmediato en el consumo, haciendo del invierno un periodo clave para el sector.
Perla Andrade Martínez, presidenta del gremio de panaderos, señaló que esta temporada representa una oportunidad para fortalecer al sector, ya que cada grado que baja el termómetro se traduce en un incremento directo en las ventas, especialmente de pan dulce tradicional.
La psicología del consumo en Mérida cambia drásticamente con el “fresco”. Según datos del gremio, la demanda de productos de harina puede dispararse hasta 50 por ciento, no solo por hambre, sino por una tradición cultural profundamente arraigada: el ritual del café o el chocolate, bebidas que en la mesa yucateca son impensables sin una pieza de pan dulce.
Finanzas que se estabilizan
Este fenómeno genera una alta rotación de producto, lo que permite que pequeños y medianos negocios estabilicen sus finanzas e incluso generen ahorros para enfrentar la baja en ventas que suele llegar con los meses de intenso calor.
Uno de los retos más curiosos del gremio ocurre cuando el clima cambia de forma inesperada. En jornadas que comienzan con el calor habitual y terminan con un descenso repentino de temperatura, la producción puede verse rebasada. “La demanda puede superar lo previsto; hay horas del día en que los estantes quedan completamente vacíos porque la gente busca refugio inmediato en el pan dulce”, explicó Andrade Martínez.
Aunque la venta matutina se mantiene estable, la verdadera batalla económica se libra al caer la noche. Durante esta temporada, el consumo nocturno se vuelve protagonista y los meridanos regresan a los panes clásicos que definen la identidad del estado, como el tuti, la pata y el cocotazo, que se consolidan como los favoritos del invierno.






















