BRISBANE, Australia, 01 de agosto de 2026.- Cucarachas gigantes equipadas con cámaras, componentes electrónicos y un pequeño sistema de inyección podrían convertirse en una nueva herramienta para auxiliar a personas atrapadas bajo escombros, en cuevas o en otros espacios demasiado estrechos o peligrosos para los rescatistas.
Investigadores de la Universidad de Queensland, en colaboración con ingenieros biomédicos de la Universidad de Nueva Gales del Sur, desarrollaron los llamados “Paraborgs”, prototipos de cucarachas cíborg diseñados para ir más allá de la búsqueda de sobrevivientes y, en el futuro, llevar asistencia médica hasta ellos.
El proyecto utiliza ejemplares de Macropanesthia rhinoceros, una cucaracha excavadora gigante. Sobre el insecto se colocan componentes ligeros que permiten dirigir sus movimientos mediante estimulación eléctrica y añadirle, según la función asignada, una cámara o un mecanismo automático de inyección.
El estudio, publicado en Advanced Science, plantea un cambio respecto de investigaciones anteriores con insectos cíborg, que se habían concentrado principalmente en tareas de búsqueda, exploración, detección de personas y evasión de obstáculos. En este caso, el objetivo es comprobar si también pueden intervenir una vez localizada una víctima.
Así funcionan los “Paraborgs”
La propuesta contempla que al menos dos insectos trabajen de forma coordinada. Uno actúa como observador y lleva una cámara Wi-Fi que transmite imágenes en tiempo real. El segundo transporta el sistema de autoinyección y puede ser guiado por un operador hasta el punto donde se encuentra el objetivo.
El mecanismo de inyección utiliza un pequeño resorte para lanzar el inyector. Después, una reacción entre ácido cítrico y bicarbonato de potasio genera presión dentro del dispositivo y empuja el líquido a través de la aguja. El sistema completo añade alrededor de 17 gramos al peso de la cucaracha.
En las pruebas de navegación e inyección, los insectos completaron correctamente toda la tarea en 18 de 25 ensayos, equivalente a 72%. Cuando la activación se realizó a menos de 15 centímetros del objetivo, la tasa de éxito de la inyección alcanzó hasta 95%.
Los investigadores también consiguieron que las cucarachas llegaran a los puntos de navegación previstos en el 100% de los ensayos. Uno de los principales retos fue mantener al insecto suficientemente estable y bien orientado en el momento de la inyección.
Aún no se usan con personas
Los “Paraborgs” ya existen como prototipos físicos y han sido probados en laboratorio, pero todavía no han administrado medicamentos a víctimas humanas durante un rescate real.
Las pruebas del mecanismo se realizaron sobre blancos de silicona y piel porcina. En los ensayos con piel porcina, el sistema alcanzó una eficacia de 90% en la administración del líquido.
El propio estudio reconoce que aún quedan obstáculos para su uso en emergencias. Entre ellos están la pérdida de comunicación inalámbrica entre concreto o tierra, el movimiento impredecible del insecto, la estabilidad durante la activación del inyector y la necesidad de comprobar que el sistema pueda administrar dosis médicamente útiles y seguras.
Las decisiones médicas, además, permanecerían bajo control humano. El proyecto plantea que personal capacitado sea quien decida cuándo activar una intervención, en lugar de dejar esa función totalmente en manos de un sistema autónomo.
La Universidad de Queensland señala que la visión a largo plazo es desplegar grupos de insectos con funciones diferentes, algunos con cámaras y sensores y otros con equipos médicos. Los investigadores estiman que, con suficiente desarrollo y pruebas de campo, estos sistemas podrían llegar a utilizarse en emergencias reales en un plazo aproximado de cinco a diez años.






















