SVALBARD, Noruega, a 13 de agosto de 2026.- Hacer sonar la bocina de un barco para despertar a un oso polar que descansaba en tierra terminó en una costosa sanción en el Ártico. Una persona fue multada con 50 mil coronas noruegas, equivalentes a aproximadamente 5 mil 258 dólares estadounidenses, luego de que las autoridades determinaran que perturbó intencionalmente al animal.
El caso ocurrió durante agosto en Lomfjorden, en Hinlopenstretet, dentro del archipiélago noruego de Svalbard, de acuerdo con información publicada este jueves por el Gobernador de Svalbard.
Una embarcación navegaba por la zona cuando sus ocupantes observaron a un oso polar que dormía en tierra. En ese momento, una persona que se encontraba a bordo utilizó la bocina del barco.
El ruido despertó al ejemplar, que interrumpió su descanso y se desplazó hacia otro sitio. La conducta no pasó inadvertida entre los propios pasajeros, pues fueron otras personas que viajaban en la embarcación quienes reportaron lo sucedido ante el Gobernador.
Autoridades consideraron intencional la perturbación
Tras conocer el caso, la autoridad determinó que la acción constituyó una perturbación al oso polar y estableció que había sido realizada de manera intencional.
Por ello, impuso al responsable una multa de 50 mil coronas noruegas, unos 5 mil 258 dólares estadounidenses al tipo de cambio de referencia actual, por infringir el artículo 30 a, primer párrafo, de la Ley de Medio Ambiente de Svalbard.
La sanción no se encuentra pendiente de resolución. De acuerdo con el comunicado oficial, la persona aceptó y pagó la multa.
La legislación vigente en Svalbard prohíbe perturbar innecesariamente, atraer o perseguir osos polares. Las disposiciones reforzadas para proteger a esta especie entraron en vigor el 1 de enero de 2025 y también establecen distancias mínimas que las personas deben mantener frente a estos animales.
Las autoridades noruegas explican que una perturbación puede ocurrir cuando la presencia o actividad humana modifica el comportamiento del oso, por ejemplo, cuando el ejemplar deja de descansar, se levanta y se aleja.
Eso fue precisamente lo que ocurrió en Lomfjorden. La bocina interrumpió el descanso del animal y provocó que cambiara de lugar, conducta que derivó en la sanción económica contra la persona responsable.






















