Por Yoisi Moguel
MÉRIDA, Yuc, a 13 de julio de 2026.– Yucatán entró a sentir los efectos del desierto del Sahara, cubriéndose con una densa y misteriosa bruma que transforma por completo el paisaje peninsular.
La alerta meteorológica ya es una realidad palpable, una colosal masa de aire seco y cargado de partículas suspendidas, desprendida directamente del continente africano, que toma el control del cielo de la región.
Las autoridades de salud llamaron a la prevención, en especial para las personas con asma, alergias o problemas respiratorios crónicos.
Se recomienda evitar la exposición prolongada al aire libre, mantener cerradas las viviendas y, de ser necesario, utilizar cubrebocas y gafas protectoras, ya que las micropartículas de arena pueden provocar ligeras molestias como irritación de garganta, ojos secos o congestión nasal transitoria.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que este fenómeno, conocido formalmente como Capa de Aire Sahariano (SAL, por sus siglas en inglés), se mantendrá firme sobre la Península de Yucatán durante toda la semana, previendo que sus efectos se extiendan hasta el próximo sábado 18.
Apoyados en los monitoreos en tiempo real de la NASA, los científicos advirtieron que la gigantesca nube de polvo continuará su viaje por el Golfo de México, alcanzando paulatinamente a los estados costeros del país.
Lejos de ser una simple neblina, este viaje de más de 10 mil kilómetros a través del océano Atlántico trae consigo un espectáculo visual único, pero también un cambio drástico en las condiciones locales.
El polvo actúa como un gigantesco filtro solar natural; durante el día el cielo adquirirá un tono grisáceo y opaco, mientras que los atardeceres se teñirán de naranjas y rojos intensos, un deleite visual provocado por la refracción de la luz sobre las partículas suspendidas.
Detrás de la belleza de los atardeceres se esconde un escudo invisible contra los desastres naturales.
El ingreso de esta masa de aire extremadamente seca y cálida tiene la propiedad de inhibir la humedad atmosférica, lo que reduce de forma drástica la probabilidad de lluvias intensas y, de manera muy oportuna, actúa como un calmante natural que frena la formación y el desarrollo de ciclones tropicales en la región del Atlántico durante su estancia.
A pesar de estos beneficios contra las tormentas se emitieron recomendaciones para prevenir problemas de salud.






















