Puebla, Pue., a 18 de septiembre de 2026.— Darwin tiene 15 años, pesa alrededor de 40 kilos y carga sobre su caparazón algo poco común. Una pieza diseñada especialmente para proteger la zona que quedó dañada después de que una camioneta la atropellara. Aunque a simple vista podría parecer una especie de “armadura”, en realidad se trata de una órtesis biónica temporal que puede retirarse cada vez que necesita una curación.
La protagonista es una tortuga sulcata cuya recuperación reunió a especialistas de Medicina Veterinaria e Ingeniería Biónica, además de estudiantes, según la información presentada este viernes por la UPAEP durante una rueda de prensa.
El atropellamiento provocó fracturas y destruyó parte del caparazón, por lo que Darwin necesitó atención especializada. Para conocer la dimensión de las lesiones, los veterinarios utilizaron estudios de imagen, incluida una tomografía.
José Miguel López Ramírez, médico veterinario zootecnista, explicó que esa información permitió compartir con el equipo de ingeniería una imagen detallada de la zona afectada y realizar una reconstrucción tridimensional del caparazón. A partir de ese modelo comenzó el desarrollo de una pieza adaptada específicamente al cuerpo de Darwin.
Una cubierta que puede quitarse para curarla
La investigadora Marian Denisse Velver Ríos explicó que el dispositivo colocado actualmente no es una prótesis definitiva. Se trata de una estructura modular que puede retirarse para revisar la lesión, limpiarla y aplicar los tratamientos necesarios antes de volver a cubrirla.
Ese diseño permite mantener protegida la zona sin obstaculizar las curaciones durante el largo proceso de cicatrización.
El proyecto se desarrolló entre mayo y julio. Para fabricar la pieza se estudiaron materiales resistentes y moldeables, mientras que el tamaño de la tortuga obligó a dividir en varias partes algunos de los trabajos de impresión tridimensional.
La solución tampoco podría simplemente copiarse para otra tortuga. Los especialistas explicaron que este tipo de dispositivos deben ajustarse a las características de cada paciente y a la forma particular de sus lesiones.
La recuperación de Darwin todavía requerirá tiempo. La reparación del caparazón podría prolongarse entre uno y dos años, dependiendo de su evolución.
Por ahora, la tortuga ya se encuentra nuevamente con su tutor y superó la etapa inicial de mayor riesgo. Conforme avance la cicatrización, los especialistas evaluarán si puede recibir más adelante una pieza definitiva.
Así, detrás de la peculiar “armadura” que ahora cubre parte de su cuerpo hay una función mucho más práctica. Dar acceso a la herida cuando sea necesario y protegerla mientras el propio caparazón de Darwin continúa recuperándose.






















