Por Yoisi Moguel
Kinchil, Yuc., 16 de febrero de 2026.– Lo que debía ser una reunión administrativa terminó en un enfrentamiento violento. Entre escaleras provisionales, gases y golpes, habitantes de Kinchil lograron impedir la entrega del patrimonio colectivo a intereses inmobiliarios, tras una asamblea ejidal que derivó en caos y heridos.
El conflicto estalló cuando ejidatarios y colectivos como Defensores de la Tierra y el Consejo Comunitario denunciaron que la Asamblea Ejidal, encabezada por José A. Borges, pretendía vender tierras de uso común y ceder el control territorial a una sociedad inmobiliaria. Según los inconformes, también se intentó avecindar a personas ajenas para otorgarles derechos sobre la tierra y disponer de recursos provenientes de antenas de telefonía sin rendición de cuentas.
Se desata violencia
Para asegurar la sesión, el Comisariado llegó respaldado por un fuerte contingente policial estatal y municipal, que cerró accesos a la Casa Ejidal e impidió el paso a los propios dueños de la tierra. La tensión escaló cuando los ejidatarios intentaron romper el cerco con escaleras improvisadas, momento en que se desató la violencia.
El choque físico dejó momentos de alta tensión, agresiones y al menos una persona lesionada de gravedad, quien fue trasladada de emergencia al IMSS de Umán. A pesar del operativo, la asamblea fue reventada, frenando la votación.

Tras la cancelación, los pobladores denunciaron un intento de recabar firmas y huellas en hojas en blanco, práctica que calificaron como un “truco” para fabricar un acta falsa y validar el despojo. “Nuestras tierras no son mercancía; del monte viven el apicultor, el ganadero a pequeña escala y muchas familias”, advirtieron.
Aunque la sesión fue detenida, la batalla legal apenas comienza. El Consejo Comunitario de Kinchil anunció acciones jurídicas para bloquear cualquier inscripción ante el Registro Agrario Nacional. La consigna, subrayan, es clara: el territorio pertenece a su gente, no a los intereses inmobiliarios.






















