Por Yoisi Moguel
MÉRIDA, Yuc, a 18 de febrero de 2026.- La joya de la corona del desarrollo inmobiliario en el sureste mexicano enfrenta su mayor amenaza, y no proviene de la economía, sino del aire que se respira, la zona que hoy se promociona como el sector de mayor plusvalía y exclusividad en el Norte de Mérida, está a punto de quedar atrapado bajo una densa y tóxica lluvia gris.
Ante un panorama que empieza a ser preocupante empresarios y residentes observan con alarma cómo el polígono industrial de Progreso se transforma en un cinturón de molienda que promete triplicar la contaminación actual, afectando a los habitantes de esa zona, donde se encuentran los desarrollos más exclusivos de Mérida.
El presidente de la Asociación Maya Peninsular, Jorge Manuel Gutiérrez Ponce, expuso que el análisis del impacto identificado revela una realidad cruda donde la salud de miles de familias pende de un hilo, ya que las enfermedades respiratorias crónicas son la consecuencia directa de la exposición a micropartículas de cemento.
Estas partículas, señaló, a diferencia de otros contaminantes, son altamente lesivas para el organismo humano.
“En el ámbito económico, el panorama es igual de sombrío, el riesgo de un desplome en la plusvalía de los desarrollos premium es inminente; nadie querrá invertir millones en una zona donde el aire es un cóctel de residuos industriales”, asentó.

Jorge Guitérrez sostuvo que el daño ambiental se extiende a todo el estado, donde cientos de bancos de materiales abandonados operan como heridas abiertas que nadie se molesta en sanar.
“Estamos a favor del desarrollo, pero no de uno que nos asfixie, las micropartículas pueden viajar decenas de kilómetros con el viento; el daño a la salud es una certeza, no una posibilidad”, sentenció el empresario.
Mérida, advirtió, corre el riesgo de dejar de ser la “Ciudad Blanca” para convertirse en una sucursal del caos ambiental que hoy sofoca a la capital del país.






















