Por Yoisi Moguel
MÉRIDA, Yuc., a 2 de febrero de 2026.- La investigación científica más ambiciosa realizada hasta ahora en Chichén Itzá avanza en las entrañas de El Castillo, donde especialistas de México y Estados Unidos comenzaron la instalación de un sistema de detección de muones para efectuar la primera “tomografía” integral de la icónica pirámide maya.
El físico Edmundo García Solís, de la Universidad Estatal de Chicago y líder del proyecto, puntualizó que el objetivo central del estudio es confirmar o descartar la existencia de una segunda subestructura interna, más pequeña y antigua que la ya conocida.
En esta, señaló, según una hipótesis que divide a la comunidad académica, podría encontrarse la tumba de Kukulcán, la serpiente emplumada de Mesoamérica.
Esta investigación no invasiva, está respaldada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y permitirá estudiar el corazón del monumento sin causar daño alguno a la estructura, considerada una de las siete maravillas del mundo moderno.
Una exploración de alta tecnología bajo El Castillo
El investigador precisó que los trabajos comenzaron el pasado lunes 26 de enero, cuando los equipos científicos iniciaron la colocación del hardware en la estructura interna conocida como 2D5.
En los próximos días, indicó, comenzará el “escaneo” del edificio utilizando muones, partículas subatómicas generadas por rayos cósmicos que atraviesan la materia y permiten obtener imágenes tridimensionales de su interior.
Esta técnica promete revelar la arquitectura oculta por más de un milenio, y la existencia de cámaras internas o posibles depósitos rituales, entre ellos la hipótesis más polémica, la tumba del dios Kukulcán.

Un enigma que divide a especialistas mexicanos
Hoy en día, nadie conoce con certeza qué guarda la pirámide en su interior. En la UNAM, algunos investigadores sostienen que los restos podrían encontrarse en una subestructura inaccesible.
En contraste, especialistas del INAH proponen que el cuerpo habría sido incinerado y sus cenizas colocadas en una urna de cerámica que, hasta ahora, no ha sido hallada.
Los muones, por tanto, podrían ofrecer la primera evidencia definitiva para cerrar esta disputa científica.
El proyecto forma parte de la iniciativa internacional NAUM (Muografía para usos Arqueológicos No Invasiva), en la cual participan el Instituto de Física de la UNAM, las universidades Estatal de Chicago, Dominican, de Virginia y el Fermi National Accelerator Laboratory (Fermilab).
Edmundo García Solís, sostuvo que alcanzar esta fase requirió cinco años de trabajo continuo, relató que dos detectores gemelos serán instalados en los túneles norte y sur de la pirámide, cada uno está compuesto por tres planos electrónicos abatibles que, en conjunto, conforman un dispositivo de más de 1.40 metros de largo y 1.50 metros de altura.
El equipo fue enviado desde Chicago al Instituto de Física de la UNAM, y el 15 de diciembre de 2025 llegó finalmente a Chichén Itzá, donde inició la toma de datos preliminares.
Los detectores permanecerán varios meses dentro de la pirámide, y una vez finalizado el periodo de medición, serán trasladados de nuevo a la Ciudad de México y posteriormente a Chicago para su análisis detallado.
El físico Arturo Alejandro Menchaca Rocha, responsable de la creación del detector de radiación cósmica usado en Teotihuacán, advirtió que los resultados no deben apresurarse.
Comparó el trabajo con una radiografía médica: “El técnico sabe qué órganos busca; nosotros no sabemos qué hay dentro de El Castillo.”
El análisis final podría conocerse hacia finales del año, pero los especialistas recalcan que la interpretación de los datos será un proceso largo y minucioso.
El proyecto, financiado por la UNAM y la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, representa un encuentro histórico entre arqueología y física experimental.
“Es la unión de dos áreas completamente distintas para explorar las entrañas de El Castillo”, expresó García Solís.
La investigación, además, se lleva a cabo en el sitio arqueológico más visitado de México, que recibe cerca de 2.5 millones de turistas al año. Los resultados podrían transformar por completo la comprensión que se tiene del Templo de Kukulcán, construido en el siglo XII d.C.






















