Por Staff
CIUDAD DE MÉXICO.— Durante casi 60 años, un antiguo cráneo con un llamativo mosaico de turquesa permaneció lejos de México, expuesto como una pieza destacada en el Wereldmuseum de Leiden, Países Bajos. Ahora, este singular vestigio prehispánico ya está de vuelta en territorio nacional y permanece bajo resguardo del INAH, luego de un proceso de repatriación impulsado por instituciones mexicanas y el colectivo Nohivi Ñuu Savi.
La historia del regreso comenzó a moverse a finales de 2023, cuando la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Secretaría de Cultura recibieron información sobre los primeros acercamientos entre el museo neerlandés y la Embajada de México en ese país. El proceso avanzó hasta que, en diciembre de 2024, las autoridades de Países Bajos concretaron la devolución. Finalmente, en mayo de 2025, la pieza llegó a México y fue entregada al personal de la DRPMZAH del INAH para su protección y registro.
¿Y qué hace tan especial a este cráneo?
Su hueso frontal está parcialmente cubierto por un mosaico que representa una serpiente. Las pequeñas placas azules son de turquesa, mientras que otras piezas fueron elaboradas con concha; también se localizaron elementos de jadeíta y cristal de roca. Los especialistas determinaron que esta técnica corresponde a prácticas registradas en Mesoamérica durante el Posclásico Tardío, particularmente en territorios que hoy ocupan Puebla y Oaxaca.

El origen exacto, sin embargo, sigue siendo un misterio. El museo de Leiden adquirió la pieza en 1962 a través del mercado del arte, sin datos suficientes sobre su procedencia. Años después, el recinto neerlandés realizó estudios junto con el Centro de Investigación y Restauración de Museos de Francia para comprobar su autenticidad. Los análisis determinaron que se trata de un individuo masculino de entre 25 y 40 años y que tanto el cráneo como los materiales del mosaico son de origen prehispánico.
Los investigadores también encontraron huellas de adhesivos modernos en algunas zonas, utilizados para mantener las teselas en su sitio. Esto podría indicar que el mosaico fue reacomodado o reutilizado antes de que la pieza llegara al museo. Para el INAH, estos detalles son importantes porque ayudan a reconstruir la historia del objeto y entender cómo fue intervenido antes de su llegada a Europa.
La investigación apenas comienza
El antropólogo físico Olaf Bello Cardoso, del INAH, considera que el cráneo puede aportar información tanto biológica como social y plantea la posibilidad de realizar estudios de radiocarbono y ADN antiguo. La pregunta de fondo es tan interesante como la pieza misma: ¿quién fue la persona cuyo cráneo fue decorado con este mosaico? Los especialistas incluso plantean que la ornamentación pudo haber sido una forma de enaltecer a un personaje de importancia.
Mientras continúan los estudios, el INAH ya elaboró un embalaje especializado y obtuvo el primer modelo digital tridimensional de la pieza. Además, el Museo Comunitario Yucu Saa, de Villa de Tututepec, Oaxaca, manifestó interés en albergarla y trabajar con las autoridades para garantizar su adecuada exhibición. Por ahora, el cráneo está de regreso en México y protegido bajo resguardo institucional, después de seis décadas lejos de su posible tierra de origen.






















