CIUDAD DE MÉXICO, a 9 de junio de 2026.- La emoción de un gol, la tensión de un penalti o la frustración tras una derrota no son simples reacciones pasajeras. De acuerdo con especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ver futbol activa mecanismos cerebrales relacionados con el placer, la recompensa, el estrés y las emociones, lo que explica por qué millones de aficionados viven los partidos con tanta intensidad.
En un artículo publicado por la Gaceta UNAM, el neurofisiólogo Víctor Manuel Rodríguez Molina, académico de la Facultad de Medicina, explicó que los seres humanos cuentan con un circuito de recompensa que responde a experiencias placenteras. Cuando el equipo favorito gana o anota un gol, ese sistema se activa y favorece la liberación de sustancias asociadas con el bienestar, entre ellas las endorfinas.
Según el especialista, el futbol genera una combinación de emociones que pueden oscilar rápidamente entre la felicidad, la esperanza, la angustia y la tristeza. Esta montaña rusa emocional forma parte de una respuesta natural del cerebro ante situaciones que involucran expectativas, identificación grupal y sentido de pertenencia.
Diversas investigaciones señalan que durante los partidos también pueden aumentar hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol, especialmente cuando existe una fuerte identificación con el equipo.
De acuerdo con el académico, el futbol genera una combinación de emociones que puede cambiar rápidamente conforme avanza el partido. La expectativa de una victoria, una jugada polémica o un resultado adverso pueden provocar respuestas emocionales intensas debido al vínculo que los aficionados desarrollan con sus equipos.
Más que un juego
Rodríguez Molina explicó que los eventos deportivos funcionan como espacios donde las personas expresan emociones que habitualmente mantienen bajo control. Gritar, llorar, celebrar o mostrar frustración son conductas frecuentes porque el cerebro permite una mayor manifestación emocional durante este tipo de experiencias colectivas.
El experto también señaló que la derrota suele ser más difícil de procesar que una victoria. Esto ocurre porque los aficionados depositan expectativas e incluso parte de su identidad en sus equipos favoritos. Cuando el resultado no coincide con lo esperado, aparece una sensación de pérdida que puede generar decepción, tristeza o enojo.
No obstante, el académico aclaró que sentir emociones intensas es completamente normal. El problema surge cuando la frustración deriva en agresiones contra otras personas o daños materiales. En esos casos, explicó, ya existe una pérdida de control emocional que va más allá de la pasión deportiva.
La UNAM destaca que el futbol no sólo moviliza emociones individuales. También fortalece vínculos sociales, genera experiencias compartidas y refuerza el sentido de pertenencia entre quienes apoyan a un mismo equipo. Por ello, aunque un partido dure apenas 90 minutos, sus efectos emocionales pueden sentirse mucho antes del silbatazo inicial y permanecer incluso después del resultado final.






















