Por Staff
CIUDAD DE MÉXICO, a 25 de marzo de 2026.— El derrame de hidrocarburos en el Golfo de México, frente a las costas de Campeche, volvió a encender alertas tras revelarse que alcanzó una extensión de 50 km², con indicios de que las autoridades tenían conocimiento del incidente desde principios de febrero.
De acuerdo con un análisis de imágenes satelitales, realizado por diversas organizaciones, el vertido habría iniciado entre el 6 y el 10 de febrero en las inmediaciones de la plataforma Abkatún, intensificándose a partir del día 11. Para el 13 de febrero, ya se observaban embarcamientos realizando labores de contención, lo que confirmaría que el incidente era del conocimiento de las autoridades desde esa fecha.
Pese a ello, las acciones desplegadas resultaron insuficientes, ya que la mancha continuó expandiéndose hasta alcanzar los 50 kilómetros cuadrados el 14 de febrero, manteniéndose activa varios días antes de dispersarse hacia costas de Tabasco y Veracruz.
Además de las fallas en la contención, las organizaciones señalaron la ausencia de información oficial oportuna, al no emitirse alertas públicas que permitieran a las comunidades costeras tomar medidas preventivas ante el avance del hidrocarburo.
Cuestionan opacidad y respuesta tardía
Ante ello, 14 organizaciones civiles, entre ellas el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, cuestionaron la opacidad en el manejo del derrame, debido a que el Plan Nacional de Contingencia establece la obligación de notificación inmediata, así como la elaboración de instrumentos técnicos como el Análisis de Beneficio Ambiental Neto (ABAN), cuya publicación fue exigida para evaluar la pertinencia de la respuesta.
Otro punto crítico que señalan es la falta de identificación pública del responsable, así como la ausencia de información sobre procesos de remediación y compensación, bajo el principio de que “el que contamina paga”.
Las organizaciones advirtieron que este caso refleja los riesgos estructurales de la industria petrolera en el Golfo de México y reiteraron la necesidad de avanzar hacia una transición energética, a fin de evitar la repetición de desastres ambientales que afectan ecosistemas y comunidades costeras.






















