Por Yoisi Moguel
MÉRIDA, Yuc, a 2 de mayo de 2026.- Vestigios mayas que debieron ser protegidos para su conservación en las inmediaciones de la antigua hacienda Opichén se transformaron en un terreno yermo y nivelado, tras una intervención que convirtió en escombros diversas estructuras prehispánicas del periodo Clásico.
Esta destrucción ocurre paradójicamente dentro del Paseo Verde, un corredor metropolitano diseñado para resguardar la herencia arqueológica de la región, dejando a la vista una herida abierta en el suelo yucateco que pone en entredicho la efectividad de las instituciones encargadas de su custodia.
La indignación de los residentes locales creció rápidamente, pues la zona afectada forma parte de un complejo de 10 hectáreas que alberga vestigios catalogados para su estudio y restauración.
Los testigos aseguran que, apenas meses atrás, personal especializado realizaba labores de rescate en las plataformas ahora inexistentes.

Resulta incomprensible para la comunidad que un sitio que contaba con vigilancia técnica y planes de protección oficial haya sido arrasado con tal impunidad, bajo una operación que, según los primeros indicios, se vincula directamente con trabajos ejecutados por el Ayuntamiento de Mérida.
El trasfondo de este atentado cultural apunta a una preocupante red de omisiones y posibles complicidades dentro del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Acusaron al INAH de facilitar el avance de obras a cambio de beneficios económicos, sin importar los vestigios arqueológicos.
Este nuevo episodio en Opichén, recalcaron los ciudadanos, sienta un precedente alarmante para el desarrollo urbano de la capital yucateca.
La molestia ciudadana se debe a que las autoridades no respetan las restricciones federales de una zona protegida y permiten que la industria de la construcción destruya el patrimonio cultural.
Los vecinos del lugar señalaron: “Si las instituciones destinadas a la salvaguarda de la identidad maya se convierten en facilitadores de su destrucción, el legado prehispánico de Yucatán corre el riesgo de desaparecer bajo el asfalto, sacrificado por la urbanización descontrolada y la opacidad administrativa”.





















