Por Yoisi Moguel
CHICHÉN ITZÁ, Yuc., a 18 de marzo de 2026.— Artesanos y comerciantes que laboran en la zona arqueológica de Chichén Itzá manifestaron su rechazo absoluto a la reubicación hacia el nuevo Centro de Atención a Visitantes (CATVI), al considerar que el proyecto no cuenta con las condiciones necesarias para garantizar su actividad económica.
Bajo la consigna de “¡no!”, los vendedores señalaron que el complejo resulta inviable para su sustento, pues no está diseñado para albergar a las cientos de familias que dependen directamente del flujo turístico dentro del sitio.
Un censo desactualizado
De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), existe un registro oficial de 674 titulares, basado en un censo realizado en 2014. Sin embargo, los comerciantes aseguran que actualmente más de 2 mil personas trabajan diariamente en la zona.
Explicaron que esta diferencia responde al crecimiento natural de los puestos, los cuales han incorporado ayudantes, empleados y nuevas generaciones familiares.
“El CATVI no está diseñado para nosotros”, afirmó la comerciante Teresa Díaz, quien aseguró que el 95% de los vendedores se niega a firmar los documentos de reubicación promovidos por la administración del sitio.
Tradición familiar en riesgo
Los artesanos subrayaron que su presencia en Chichén Itzá no es solo una actividad comercial, sino un legado familiar que ha pasado de generación en generación.
Actualmente, indicaron, en la zona trabajan hasta terceras generaciones de vendedores, quienes han logrado sostener a sus familias e incluso impulsar la educación profesional de sus hijos gracias a esta actividad.
Advirtieron que, de concretarse la reubicación, muchos optarían por abandonar el oficio, lo que implicaría la pérdida de una tradición histórica ligada al turismo en el sitio.
Dudas sobre el modelo
Los comerciantes recordaron que esta no es la primera vez que enfrentan una reubicación. Durante la administración de Víctor Cervera Pacheco (1995-2001) se construyó un espacio comercial para artesanos; sin embargo, aseguran que no tuvo el impacto esperado.
Señalaron que los turistas suelen evitar los locales cerrados y prefieren comprar directamente durante su recorrido por las estructuras arqueológicas, donde existe mayor interacción.
La actividad económica se concentra principalmente entre el parador turístico, el Templo de Kukulcán (El Castillo) y el Cenote Sagrado, puntos donde el flujo de visitantes es constante.
Los vendedores también defendieron que mantienen el orden y la limpieza del sitio, resguardando sus productos bajo la vegetación y depositando los residuos en contenedores, con el objetivo de preservar la imagen de este Patrimonio de la Humanidad.




















