Por Yoisi Moguel
MÉRIDA, Yuc, a 7 de mayo de 2026.- En el corazón de la comunidad maya de Holcá, una pequeña victoria legal encendió una luz de esperanza para Néstor, un niño cuya vida depende de un fármaco tan escaso como vital.
Tras meses de silencio institucional y un deterioro físico que lo mantiene hospitalizado, un juzgado federal dictó una medida contundente que obliga al sistema de salud a romper la inercia administrativa y entregarle, sin más dilaciones, el tratamiento que le fue negado desde finales del año pasado.
Néstor lucha contra la Lipofuscinosis Tipo 2, una enfermedad degenerativa extremadamente rara que consume el tiempo y las capacidades de quien la padece.
Para frenar su avance, requiere de Cerliponasa Alfa, un medicamento cuyo costo resulta inalcanzable para su familia y que solo el Estado puede proveer.
Sin embargo, desde diciembre pasado, el suministro se interrumpió, sumiendo al menor en una crisis de salud que hoy lo mantiene postrado en una cama, a la espera de una cirugía que no puede realizarse si el fármaco no está presente en su sistema.
El caso, cobijado por la organización Kanan Derechos Humanos, dejó al descubierto un desolador juego de omisiones entre niveles de gobierno.
Mientras el Hospital O’Horán alegaba haber solicitado el medicamento mediante oficios, el IMSS Bienestar negaba haber recibido tales peticiones.
En medio de este cruce de papeles y fallas logísticas, la salud de Néstor se convirtió en el rehén de una burocracia que pareció olvidar que, detrás de los folios, hay un niño cuya calidad de vida se desvanece día con día.
La justicia federal finalmente alzó la voz a través del Juzgado Primero de Distrito, el cual concedió una suspensión de plano que no admite excusas.
Esta orden judicial es un mandato directo para la Secretaría de Salud de Yucatán y el IMSS Bienestar, exigiéndoles garantizar el acceso inmediato al tratamiento.
No se trata solo de cumplir con una normativa legal, sino de rescatar el derecho fundamental a la salud en un sistema que, en este caso, mostró sus fisuras más profundas y precarias.
Hoy, la mirada está puesta en las autoridades estatales y federales. El llamado de su familia y de los activistas es claro: el tiempo de los escritos y las justificaciones terminó.
Para Néstor, cada hora cuenta y el cumplimiento de este amparo representa la diferencia entre el progreso irreversible de su enfermedad o la posibilidad de recuperar un futuro que la negligencia administrativa estuvo a punto de arrebatarle.





















